En el momento que nos encontramos existen numerosas situaciones que pueden generar en el ser humano, como “ser” que habita en un espacio natural y que interactúa inevitablemente con el ambiente en el que crece y se desarrolla; posibles desajustes bioquímicos que pueden verse afectados consciente o subconscientemente en la vida de esa persona. Se trata de comprender que somos algo más que un cuerpo y una mente que están en constante comunicación. Podemos tener una participación activa y consciente en el medio natural y social en el que nos desarrollamos, al igual que podemos poner en marcha numerosos recursos psicoemocionales que practicando pueden convertirse en recursos muy poderosos para adaptarnos a un ambiente que se desarrolla con nosotros, a veces gracias a nosotros y muchas otras, a causa nuestra. Somos evolutivamente hablando, una maquinaria “perfecta”. Nuestro sistema inmunológico es el mecanismo que autorregula el cuerpo y que pone a prueba, y con éxito, cada momento de nuestro día para mantenernos vivos y a salvo. Sin embargo, nuestra evolución como seres vivos (filogénesis), también ha despertado nuestra curiosidad por ser seres individuales más completos y felices (ontogénesis). Aquí es donde comienza nuestro artículo, con el que pretendemos ofrecer una visión más esclarecedora y sencilla de que nos está sucediendo y cómo podemos comprender la aparición de ciertos síntomas físicos o cuadros psicológicos actuales que sufrimos algunas personas y de los cuales, nos cuesta encontrar un tratamiento efectivo y saludable.

En todo proceso evolutivo por despertar nuestra “conciencia” sobre nosotros mismos, surgen nuevos caminos agradables que nos permiten alcanzar gracias a la imaginación y al desarrollo de la ciencia, múltiples deseos por mejorar la calidad de vida. En esa búsqueda por mejorar todo lo que nos rodea también hemos encontrado muchos cambios internos en nosotros mismos. Hay momentos en los que nos damos cuenta de nuestra propia existencia y nos cuestionamos nuestras motivaciones más internas. Es en ese momento cuando caes en la cuenta del rumbo que está tomando tu vida y las consecuencias que están teniendo mental y físicamente en ti. Resulta que nuestro momento actual está guiado por una fuerza arrolladora, que surge como un remolino que arrasa todo a su paso sin saber hacia dónde te llevará y que recibe el nombre de “estrés”.

Cuantas veces hemos escuchado esta palabra “estrés” y la hemos normalizado como si tuviéramos que acostumbrarnos a vivir con ella, como si pudiéramos controlarla. Hemos olvidado la función reguladora del estrés, de la que hablaba Walter Canon en los años 20 y que bautizó Hans Seyle en los años 40; como una respuesta natural y biológica de nuestro cuerpo para adaptarse y hacer frente a cualquier situación que nuestra mente interprete como amenazadora o peligrosa para la integridad personal del ser humano. Si es un mecanismo de defensa que necesitamos para sobrevivir, ¿en qué momento hemos convertido el “estrés” en nuestro propio enemigo?

El estrés tiene tres fases. La primera es la estimulación, cuando se activa nuestro organismo para afrontar un problema. Si no se resuelve, pasamos a la siguiente fase, el cuerpo genera resistencia a ese inconveniente mediante el uso de recursos de huida o de lucha. Si no funcionan, nuestro organismo pasa a la tercera fase, el agotamiento que puede derivar en un desequilibrio físico y mental. La hormona del estrés, llamada “cortisol” empieza a liberarse de forma descontrolada en nuestro cuerpo y nuestro sistema inmune no es capaz de hacer frente a ese cambio y eliminarla con rapidez. Por lo que nuestro cuerpo, con el tiempo se va adaptando a vivir con altos niveles de estrés en nuestro organismo y va haciendo que nuestro sistema nervioso se sienta cada vez, más indefenso y empiece a habituarse a vivir en un estrés constante y prolongado, que pueda derivar en múltiples problemas de salud; aunque no sean la causa directa, si puedan ayudar a generar problemas más graves o crónicos.

A continuación, vamos a exponer un cuadro clínico con el que nos encontramos en nuestro Centro de Salud Corporalment, habitualmente. Y podemos explicar algunos de sus síntomas y formas de tratarlo para que comprendamos cómo afecta en las personas que lo sufren y esclarecer al mismo tiempo su conocimiento para poder prevenirlo.

EL SÍNDROME DE FATIGA CRÓNICA (SFC)

El síndrome de fatiga crónica es un trastorno caracterizado por una fatiga abrumadora, que no se alivia con descanso y puede empeorar tras la actividad física o mental. Es una situación muy difícil, ya que no se llega a comprender por completo la causa. En este caso, la fisioterapia se ha convertido

en un tratamiento bastante eficaz para controlar los principales síntomas como sería el dolor muscular, dolores de cabeza, dolor articular, trastorno del sueño y problemas de memoria y razonamiento.

Desde el área de la fisioterapia se le puede ayudar a hacer frente al SFC y así manejar sus síntomas y lo que pueda aparecer. Aunque primero deberíamos conocer las posibles causas que la provocan:

  • Genética. Aparentemente es hereditaria en algunas familias, por lo que algunas personas pueden nacer con una mayor probabilidad de desarrollar el trastorno.

  • Infecciones. Algunas personas desarrollan los síntomas después de mejorar de una infección viral o bacteriana.

  • Trauma físico o emocional. Algunas personas han indicado que tuvieron una lesión, una cirugía o estrés emocional significativo poco antes de que comenzaran los síntomas.

  • Problemas con la alimentación. Problemas para convertir el combustible del cuerpo, principalmente grasas y azúcares, en energía.

También debemos tener en cuenta otros factores como, por ejemplo:

  • Edad. El síndrome de fatiga crónica puede ocurrir a cualquier edad, pero afecta con más frecuencia a adultos jóvenes y de mediana edad.

  • Sexo. Se diagnostica a las mujeres con mucha más frecuencia que a los hombres, se cree que suele ser así porque las mujeres acuden a consulta para hablar de su situación más regularmente.

  • Otros problemas adyacentes. Las personas con antecedentes de otros problemas médicos complejos; como fibromialgia o síndrome de taquicardia postural ortostática, pueden tener mayor probabilidad de desarrollar síndrome de fatiga crónica. También otros problemas psicológicos como depresión, fobias o cuadros de ansiedad.

El fisioterapeuta inicia el primer día de sesión con la anamnesis, donde se le pregunta al paciente por su historial médico, síntomas presentes y limitaciones que tiene en sus actividades diarias. A continuación, se realizará un examen físico para evaluar fuerza, resistencia y flexibilidad del paciente. Con toda esa información, se desarrolla un plan personalizado de tratamiento.

Tanto los fisioterapeutas como los osteópatas utilizan una amplia variedad de técnicas para ayudar a los pacientes a mejorar su movilidad, fuerza y función. Para que el paciente tenga modos de controlar sus síntomas y mejorar su bienestar. Algunas de estas técnicas pueden beneficiar al paciente a controlar el estrés y los trastornos del sueño, presentes comúnmente en este síndrome.

Desde el área de la psicología, existen numerosas formas para trabajar con estos pacientes. Cuando acuden a una primera consulta lo más importante es escuchar activamente a la persona y atender a sus necesidades de hablar sobre su “realidad” y calibrar atentamente su lenguaje no verbal. Necesitan ser escuchados y que comprendas cómo se sienten, y quizá lo más importante que sepamos empatizar con lo que le está sucediendo. Posiblemente, no entiendan qué pueden hacer y si están acudiendo al profesional adecuado.

En este apartado me gustaría hablar de una herramienta que utilizo mucho en terapia y que con pacientes como vosotros está teniendo muy buenos resultados. En mi consulta trabajo principalmente, con la psicoterapia del bienestar emocional y la complemento con la práctica de la Sofrología. Me parece que ambas prácticas deben tenerse en cuenta, ya que el síndrome de fatiga crónica tiene algunas consecuencias negativas; como la ira, el enfado, la desesperanza, la depresión o la ansiedad. Fruto de no saber gestionar de forma adecuada estos sentimientos.

La palabra Sofrología etimológicamente significa “el estudio de la consciencia en equilibrio”.

Es una disciplina que nos ayuda a desarrollar una consciencia serena en el día a día, a través de un entrenamiento personal basado en técnicas de relajación y la activación del cuerpo y la mente. Dirige nuestros pensamientos y emociones, volviéndolos más positivos. Educa el cuerpo y la mente como un conjunto. Lo que afecta a uno repercute en el otro. Lo que beneficia a uno beneficia al otro también.

Son técnicas que se centran en el ser humano; nos ayudan a cuidarnos y mirar hacia dentro, para descubrir y conquistar una forma sana y equilibrada de relacionarnos con nosotros mismos y con los demás.

Las personas somos fruto de nuestro cuerpo, sensaciones, emociones, pensamientos, capacidades, valores y muchas cosas más. Ser dueño de uno mismo, te acerca a la libertad y la responsabilidad. En definitiva, es un estilo de vida diferente y apasionante, lejos de las preocupaciones excesivas e intensas del día a día y en el cual entras y te sientes más pleno.

La Sofrología se crea en 1960, en España, por el Dr. Psiquiatra Alfonso Caycedo. Fue aplicada para tratar pacientes a nivel médico con excelentes resultados. El método que creo está basado en técnicas provenientes de Occidente (como son; la relajación muscular y la hipnosis clínica) y Oriente (como son; el yoga, el budismo tibetano y el zen japonés). La cultura oriental es tan compleja y antigua que tal como nos viene dada es difícil de entender para una mente occidental como la nuestra.

La Sofrología es una disciplina científica que tiene como objetivos:

  1. El estudio de la consciencia humana. Utilizando un método que ofrece cientos de prácticas para que la persona conozca de forma vivencial su propia consciencia.
  2. La aplicación de las técnicas sofrológicas a nivel terapéutico, mediante profesionales del campo de la salud (médicos, enfermeras, psicólogos, fisioterapeutas, etc.). Aplican estas técnicas como complemento al tratamiento que realicen con la persona, adaptándolo de forma individual. Así la persona puede crear su propio hábito y practicar. Tiene numerosos beneficios practicarla y siempre acompañado de un sofrólogo que adaptará cada práctica a ti. Podrás encontrar una forma de regular tu SNA para aprender a gestionar el estrés que estás sintiendo y con la práctica diaria descubrir como mejora tu calidad de sueño, tu concentración, disminuir tu estrés interno, etc.
  3. A nivel preventivo, aporta un método de entrenamiento (la Relajación Dinámica de Caycedo) para toda persona que quiera conocer mejor su consciencia, desarrollar sus capacidades, adquirir mayor resistencia ante problemas de origen psicosomático y conquistar una mejor calidad de vida.

La Relajación Dinámica de Caycedo es un método hecho para la persona y por la persona, en donde se establece una higiene de vida física, emocional y mental. Durante el entrenamiento el individuo aprende, aplica y adapta el método a su vida cotidiana. El sofrólogo guía a la persona en la práctica para que pueda convertirse en un hábito.

Artículo redactado con fines informativos.

 

David Salafranca, fisioterapeuta y osteópata

Cynthia Luque,  Psicóloga Habilitada Sanitaria

 

 

BIBLIOGRAFÍA

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